Historia

Halloween: la historia oculta

Cada vez más personas dicen: “Pasado mañana es Halloween”, ya casi nadie dice que esta semana es la festividad de Todos los Santos. Sin embargo, ¿quién sabe de dónde viene Halloween? Si salís a preguntar, por lo general la gente sabe que viene de América y que es una fiesta pagana. Pero detrás, hay más historia.

La palabra Halloween, en principio, hace referencia a la noche del 31 de octubre, la Víspera de todos los Santos, que en inglés es All Hallow’s Eve y que tras ser pronunciada muchas veces y en diferentes condiciones… se convirtió en Halloween.

Las raíces de la fiesta se encuentran en un antiguo festival conocido como Samhain que se pronuncia “sow-in”, significa “fin del verano” y se celebra al finalizar la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño.

¿Ni idea de quienes eran los celtas? Los celtas o galos, llamados así por los griegos y romanos respectivamente, habitaron lo que hoy es Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y las zonas de Países Bajos y Alemania al oeste del Rin y una franja aún poco determinada de este último país, a la orilla derecha del río. Decidieron emigrar a Asia Menor y se estableció en la región llamada Galacia, la actual Turquía.

Este pueblo tallaba verduras, nabos preferentemente, para utilizarlas como linternas y que dio lugar a la creencia de que estas esculturas protegían a los humanos de los espíritus de los difuntos que esa noche caminarían entre los vivos. Posteriormente, llegaría la calabaza o Jack-o’-lantern que toma su nombre del fenómeno natural fuego fatuo (will-o’-the-wisp) y que se mantendría como símbolo de protección.

Para aquellos que nos gustan las leyendas, Jack.o’-lantern podría provenir de una pequeña historia donde el joven Jack logra atrapar al Diablo al lado de una cruz. Algunos cuentan que cuando el diablo trepó a un árbol Jack talló una cruz en el tronco evitando que pudiera bajar. Otros, que tras robar en una aldea y ser perseguido por sus habitantes, se encontró con el Diablo en el bosque quien venía a buscar su alma y lo convenció para que se convirtiera en moneda y así cuando los aldeanos recuperasen sus cosas se pudiera llevar sus almas; el diablo aceptó y al convertirse en moneda y saltar al saco de Jack quedó atrapado sin sus poderes al lado de una cruz. En ambas versiones, Jack libera al Diablo cuando este promete que jamás se llevará su alma. Años después Jack muere y por sus pecados no puede entrar en el cielo, pero el Diablo prometió que jamás lo llevaría al infierno. Entonces se pregunta cómo podría ver hacia dónde iba sin ninguna luz y el Diablo, a modo de burla, le da una brasa proveniente del infierno que jamás dejaría de arder. Jack vacía un nabo, su comida favorita, y coloca la brasa en el interior construyendo una linterna y convirtiéndose en Jack of the Lantern o Jack-o’-Lantern.

¿Y los disfraces? Pues resulta que, en algunas partes de Escocia e Irlanda, durante el Samhain, los celtas usaban máscaras e intercambiaban sus vestimentas para confundir a los espíritus de los muertos. Obviamente, esa finalidad se ha ido perdiendo a lo largo de diferentes interpretaciones; pero por entonces, en una cultura donde la separación entre la vida y la muerte era difusa, la gente pensaba que así engañarían a las ánimas y así evitarían que invadiesen sus vidas.

Pero esto no acaba ahí, porque el cristianismo se extendió en Europa y la Iglesia Católica intentó erradicar los rituales paganos. Roma tuvo que mostrarse indulgente para atraer a los fieles a las iglesias. El papa Gregorio IV, en el año 837, propició el que la festividad del Día de todos los Santos, del 13 de mayo, coincidiera con la festividad de Samhain, en octubre.

La costumbre de ir pidiendo dulces puerta por puerta también fue adoptada por la Iglesia con el fin de integrar las creencias paganas en su sociedad. También permitieron que la gente se disfrazara de ángeles, santos o demonios. Durante la Edad Media, esto derivó en que los pobres pedían comida a cambio de rezar por las almas de los creyentes.

Aunque esta fiesta es muy similar allí donde se celebra, España no es uno de sus mayores fans, es América del Norte el mayor referente donde llegó de mano de los irlandeses que emigraron durante la Gran hambruna irlandesa. Allí, el espíritu de esta fiesta se apodera de todos, pero son los niños los que se suelen disfrazar para el truco o trato en cada una de las casas que tienen cerca y que han sido decoradas con esmero para provocar algún que otro escalofrío al que se aventure hasta la puerta.

La verdad, es que muy poca información nos llega sobre las diferentes fiestas. En este caso, vale con investigar un poco para ver que lo que era una costumbre celta hace cientos de años, se ha convertido en parte de la cultura actual de muchas sociedades teniendo sus propias vestimentas, rituales, gastronomía y conjunto de creencias.

clases domicilio
Educación

Clases a domicilio: ¿riesgos?

La educación actual no llega a todos lados y ese «apoyo escolar extra» cada vez es más común en muchas familias. Esto provoca que los profesores particulares dando clases en casa del alumno se haya convertido en algo cada vez más común, siendo una tirita para muchos padres que no dan abasto.

Muchos estudiantes, algunos incluso antes de terminar bachillerato, comienzan a dar clases particulares en casa de sus propios alumnos logrando cubrir algunas de las necesidades que tienen esos niños y logrando obtener unos “ahorrillos” para su día a día.

En muchos casos, es suficiente y los profesores particulares a domicilio van obteniendo experiencia y aprendiendo por medio del ensayo y error, pero cometiendo errores que pueden llegar a complicarse y convirtiéndose en situaciones que necesitan ayuda más profesional. Llegado el caso… ¿seríais vosotros o vuestro profesor particular capaces de detectarlo y actuar en consecuencia?

Hace unos días, alguien de confianza nos ofrecía dar clases particulares a dos hermanos en diferentes cursos de la ESO en su propia casa. La situación era la siguiente: el profesor particular que habían tenido años anteriores, sólo durante el presente curso, no iba a poder prestarles su servicio este año; los alumnos, en principio, requerían un par de horas de clase a la semana para matemáticas, física y química, principalmente; en época de exámenes podían llegar a necesitar hasta 8 horas en una semana; ambos estudiaban y hacían los deberes con su madre, quien era la que regulaba la frecuencia de las clases y quien buscaba alguien de confianza para que cubriera dichas clases en su domicilio este año.

En principio es una situación relativamente común en muchas casas: el adulto que estudiaba con los niños ya no puede resolver todas las dudas y sólo para eso busca alguien que lo ayude. Muchos nos podríamos preguntar ¿y? ¿cuál es el problema? ¿no han encontrado un buen candidato? Bueno, pues si nos adentramos un poquito más, podemos hacernos otro tipo de preguntas y plantear hipótesis, a sabiendas de que aún no tenemos toda la información.

Este primer hecho, nos llevaría a tener una entrevista con ambos padres y ambos niños, necesitamos más información para poder crear un plan de actuación concreto, un “traje a medida para cada alumno”. Puede sonar excesivo el hecho de querer recabar más información, pero las necesidades de esos dos niños van más allá de un apoyo escolar “extra” y lo que vamos a plantear a continuación son sólo hipótesis que podríamos confirmar o no con dicha entrevista.

Probablemente, la madre (desconocemos cómo actúa el padre) carga con la responsabilidad de los estudios de sus hijos, evitando que ellos se hagan cargo de ella y exigiéndoles X resultados.

Es posible, que la atención que reciban de su madre esos niños gire en torno a los estudios, lo cual dificultará la relación. ¿Qué padre no ha discutido nunca con sus hijos sobre los estudios? Lo académico forma parte de la vida de nuestros hijos, pero no son meros estudiantes, son mucho más.

Los niños, no saben programarse y se les acumula el trabajo para justo antes del examen. Es posible, que sin el profesor particular y sin su madre no hagan prácticamente nada. Se han vuelto dependientes en ese aspecto.

Sabiendo que son hipótesis sin confirmar, pues en este caso nunca llegamos a tener dicha entrevista y por lo tanto podría haber otras dificultades: comprensión lectora, memorización, hábito de estudio, etc. Dificultades no demasiado elevadas y que, por lo tanto, no les han impedido ir pasando de curso y que no se han trabajado de manera adecuada. Sabiendo esto, la mayoría de los profesores particulares a domicilio trabajarían de la siguiente manera: irían a casa del alumno, le explicarían de nuevo aquello que no hayan entendido en el colegio y harían los deberes con ellos. Algunos les mandarían algún ejercicio extra que, si el niño tiene tiempo y/o supervisión haría y sino no.

Quizás, y sólo quizás, esos niños necesiten sacar la parte académica fuera de casa. Quizás necesiten profesores dotados de herramientas y experiencia para que los acompañen en el proceso de aprendizaje, no debemos olvidar que es su proceso y no el nuestro. Quizás esos padres (la madre) tengan también unas necesidades, un profesional que coja el peso de la responsabilidad de los estudios de sus hijos, un profesional que sea capaz de ir dándoles poco a poco esa responsabilidad a los niños de nuevo. Quizás, necesiten que alguien les enseñe a programarse, ya que el colegio lo exige, pero nadie les muestra cómo hacerlo. Quizás esos niños necesiten ver que pueden hacerlo solos y para ellos sea más necesario un aprobado por sí mismos que un notable con ayuda, para que vean que son capaces y el aprobado lo conviertan ellos solos en la nota que quieran. Quizás necesitan que la motivación no sea que se lo exigen en casa, sino que ellos quieren alcanzarlo. Quizás las conversaciones en casa deban hablar de qué han hecho en el recreo o qué han hecho sus padres en el trabajo, de cuál va a ser el menú de esa semana o qué van a hacer todos juntos el fin de semana.

En esto casos, es posible que los padres escuchen cosas que no quieran oír, es posible que se requiera trabajo en equipo, es posible que quien intente dar ese “más que apoyo extra” se tenga que reunir con el tutor del alumno del colegio, es posible que requieran algo más que un profesor particular a domicilio. Porque, ¿de verdad creen que esa persona que va a darle clases a sus hijos, en caso de que sea necesario, va a ver esas necesidades y va a saber cubrirlas?

Ahora podemos pensar que a mí hijo le va bien así, ¡por supuesto! No podemos generalizar, sería un grave error. Pero no crean que ese servicio es más barato, que los desplazamientos a un centro de apoyo no merecen la pena, que esa persona siempre dedica el tiempo suficiente a preparar las clases con su hijo y, mucho menos, que sabrá cubrir todas sus necesidades.

Porque en la mayoría de las ocasiones, ese servicio es más caro del que en realidad necesita el alumno (¿acaso las clases particulares o las magistrales son la única opción?); además de crear dependencia del profesor que luego no está durante la realización del examen, minando la autonomía del alumno, así como su motivación y aumentando su frustración. El tiempo en los centros de formación es más eficiente que en la casa del alumno, por lo que el desplazamiento merece la pena. Los profesionales en el centro se dedican a ello, no están en la situación de “si mi carrera universitaria me lo permite dedicaré tiempo a preparar la clase”, su objetivo es ayudar al alumno a alcanzar sus metas; además de contar con el apoyo de un equipo multidisciplinar que los respalda.

No hay una fórmula mágica que haga que los niños saquen un 10 en todas las asignaturas, es más, aunque no nos guste… la realidad es que tampoco tienen por qué sacarlo. Debemos recordar que esas calificaciones no determinan el tipo de persona en el que se van a convertir ni el tipo de futuro que van a tener. Nos preocupa que no accedan a una buena carrera o no tengan un buen trabajo, pero nada de lo que hagamos garantiza… nada. Personas como Bill Gates, Mark Zuckerberg, Steve Jobs, Li Ka-shing (dejó la escuela a los 15 años y es el 8º más rico del mundo) o Amancio Ortega; entre muchos, no terminaron sus estudios, algunos ni el colegio. Las calificaciones de una educación que no ha evolucionado en los últimos 50 años no son reflejo de nuestros hijos, no nos empeñemos en ello.

tecnología
Padres

La Tecnología, hijo adoptivo

El otro día leía un artículo de la BBC sobre el uso de las nuevas tecnologías por parte de los niños que concluía “Quizás, al final, [los niños] sólo quieren disfrutar de la tecnología de la misma forma que lo hacen los adultos” y no pude evitar pensar “¡Ah!, ¿pero es que los adultos disfrutan de manera sana? ¿es que estamos en el mismo punto de desarrollo?”. Hablando de este tema con diferentes personas, empezaron a surgir preguntas: ¿Cómo lo hacían los padres hace, a penas, diez años? ¿Está afectando al desarrollo del cerebro de los niños? ¿Qué se están perdiendo? Realmente, ¿qué les estamos enseñando?

El tema del uso de la tecnología y los niños puede mantenernos horas y horas debatiendo. Podríamos empezar hablando de la tecnología en el cole, luego seguir con el uso de esos mismos aparatos durante el resto del día, comentar los diferentes estudios que hay actualmente y que ninguno puede asegurar qué efectos habrá en el futuro por el simple hecho de que esos niños aún no han crecido, llegaríamos a que uno de los problemas es el currículo escolar actual y otro la jornada laboral tan extensa que tienen los padres.

Sin embargo, vamos a intentar centrarnos en lo que sabemos seguro y qué hemos ido viendo las personas que nos dedicamos al mundo de la educación.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el cerebro de un niño no está preparado para los conceptos abstractos; sino que aprenden tocando y manipulando, empezando por elementos simples e individuales para luego ir generalizando. Si a esto añadimos, que en función del tiempo que pasan los más pequeños con estas nuevas tecnologías hoy en día, se calcula que aquellos que nazcan hoy habrán empleado un año de su vida al llegar a 7 añitos en mirar una pantalla; quizás sea prudente hacernos ciertas preguntas y analizar el tema con cuidado, antes de decidir si es positivo o negativo.

Sabiendo esto, hay cosas que con una simple observación ya se pueden ir viendo. Aquellos niños que, por la razón que sea, pasan tiempo delante de las pantallas tienden a buscar más la atención de los adultos que la de sus iguales, la mayoría de sus conversaciones giran alrededor del contenido que han visualizado, casi todos sus juegos simbólicos se basan en reproducciones de lo que han observado en una pantalla, su atención se mantiene menos en el tiempo, etc. ¿Por qué?

  • Las tablets y smartphones tienen tantos estímulos, que su cerebro se acostumbra y cuando se enfrentan a tareas con menos estímulos (y que además requieren más trabajo por su parte que el simple hecho de observar) pierden la atención.
  • El abundante material del que disponen en estos aparatos provoca que no finalicen lo que están haciendo, nadie obliga a un niño a terminar de ver una película o una partida de un juego, por lo tanto, mucho menos querrá acabar otro tipo de tareas.
  • Sus oportunidades de crear desaparecen. Las historias, los cuentos, las posibilidades,… vienen dadas por la tecnología, los momentos que pasa el niño consigo mismo disminuyen.
  • Esto nos lleva a que sean poco tolerantes a sentimientos como el aburrimiento. Son mucho más impulsivos y tienden a querer las cosas “aquí y ahora”.
  • De cierta manera, influye en su comunicación. El tiempo que pasan con los adultos que les rodean, con sus iguales y con ellos mismos disminuye; por lo que sus habilidades sociales, aunque sea mínimamente, se ven afectadas.
  • Los contenidos que se les presentan están llenos de estereotipos y suelen tener el formato acción-recompensa, es justo a eso a lo que se acostumbran.
  • Estamos provocando que experiencias sensoriales y de aprendizaje se conviertan en algo simplemente mecánico. La primera vez que le ponemos un video a un niño para que coma el puré, podríamos meterle un saltamontes en la boca; está tan embobado que no se daría cuenta. Sin embargo, se acostumbra a no saborear la comida, a no querer comer sin la pantalla, a que sólo tiene que molestar un poco en el super o en un restaurante para que le den la tablet y así esté a lo “suyo”.

En cuanto a la tecnología en el colegio sólo podemos comentar aquello con lo que nos hemos encontrado. Aquellos niños cuyos libros de texto impresos han desaparecido y se encuentran dentro de tablets, tienden a tener una peor caligrafía (tanto niños como niñas, ambos empeoran considerablemente), hasta el punto de no entender ellos mismos qué han escrito. Cometen muchas más faltas de ortografía y tardan más en subsanarlas.

Hasta aquí, se podría intuir de cierta manera. Pero es que también empeora su organización, tanto a la hora de planificarse como a la hora de estructurarse mentalmente. La posibilidad de subrayar y de hacer anotaciones que les lleven a hacer esquemas y resúmenes se ve alterada. Cuando les pides que hagan este proceso, en muchos más casos te encuentras párrafos y páginas enteras subrayadas.

Obviamente se puede usar como instrumento, pero cuidado con todas aquellas experiencias que sustituye. Desde RMind os animamos a que no dejéis que la tecnología sea una herramienta para facilitar vuestras “funciones”, el mensaje que les transmitimos no es nada beneficioso. Por otro lado, os recomendamos que establezcáis límites claros en cuanto a su uso. Sea el aparato que sea, una buena opción es, por ejemplo, acordar con ellos que habrá X tiempo de uso de esta tecnología a la semana (en función de su edad) y que ellos se la administren como quieran; siempre evitando que se use como recompensa.

Y aun con todo, paremos un momento y preguntémonos qué pasaría si nuestro hijo no usase ninguno de estos aparatos (televisión, tablet o smartphone) hasta que tenga, no sé, ¿7 años? ¿10? ¿De verdad creen que no sería capaz de aprender cómo funcionan y de disfrutar de ellos a partir de esa edad? Quizás no se trate de crear un mundo donde no conozcan dicha tecnología, pero quizás debamos pensar con mucho cuidado qué se están perdiendo mientras miran una pantalla.

errores CV
Psicología

Errores comunes del CV

Aquí vamos, tengo que preparar el currículo. Es mi carta de presentación. Tiene que ser breve, pero quiero que sepan todo lo que he hecho. ¡Espera! Lo mismo sólo tengo para rellenar un par de líneas. ¿Qué hago?

En primer lugar, sí, la leyenda es cierta. Si de verdad quieres aprovechar todas las posibilidades, para cada puesto debes mandar un CV personalizado. Por lo tanto, aunque tengas uno ya escrito, disponte a quitar y poner cosas. Busca la empresa que ofrece la vacante e investiga un poco, quizás encuentres alguna pista o simplemente el color de la web haga que puedas cambiar el de tu CV, ¿quizás la línea que rodea tus datos personales? Los detalles importan.

Partiendo de esto, unos apartados básicos que deben aparecer:

  • Datos. Aquí debemos incluir nuestro nombre y apellidos, dirección (no completamente detallada), nuestro DNI o NIE, lugar y fecha de nacimiento, perfil profesional o web (como LinkedIn) y datos de contacto (teléfono y correo electrónico).
  • Formación. Debemos indicar el título de la formación, la fecha de inicio y de finalización, el centro de estudios y la ciudad/país.

– Académica/Reglada (aunque a veces este título de “académica” o “reglada” no aparezca, sí debe estar separada de la “complementaria” que sí será recogida bajo ese epígrafe): hace referencia a estudios “oficiales”: estudios universitarios, másters, etc.

– Complementaria: cursos, seminarios, congresos, etc. Además, en este caso también tenemos que incluir la duración (horas o créditos). En este apartado sólo debemos indicar la relacionada con ese puesto, no todos los que hayamos cursado.

  • Experiencia.

– Laboral: toda aquella en la que hubiese un contrato laboral, fuese del tipo que fuese, y se haya cotizado. Señalaremos el puesto, la empresa, el periodo y las funciones llevadas a cabo.

– Extralaboral: voluntariados, prácticas no remuneradas, colaboraciones, publicaciones, etc. Indicaremos los mismos datos que en la experiencia laboral, pero sólo incluiremos la relacionada con el puesto al que postulamos.

  • Otros datos de interés. Este apartado dependerá del puesto y la empresa a la que postulemos, pero también del ámbito profesional en el que nos movamos (por ejemplo, si es para un puesto de informático, ese apartado no debería estar dentro de este epígrafe, sino constituir uno por sí solo; igual ocurre si es para un puesto en el que se requieran o valoren mucho los idiomas). De manera general debemos incluir:

– Idiomas: lengua materna y el nivel hablado, escrito y leído de las demás que manejemos. Debemos tener cuidado con ajustar el nivel indicado a nuestro nivel real, porque cada vez con mayor frecuencia se hace parte de la entrevista en otro idioma. Por esta razón, quizás los títulos oficiales, en ocasiones, ya no son requeridos; aunque igualmente son bastante valorados, sobre todo si son recientes. Si hace algunos años que obtuviste el título oficial, valora indicarlo o no ya que si actualmente no tienes ese nivel te puede perjudicar.

– Nivel informático: paquete office, búsqueda de datos, manejo de bases de datos, etc. Hay que tener precaución y valorar si vale la pena caer en el tópico de “nivel usuario”.

– Disponibilidad de incorporación (inmediata, dos semanas, un mes, etc.), horaria (total, parcial mañana, fines de semana, etc.), para viajar y/o de cambio de residencia. Este apartado se puede omitir, si nuestro objetivo es acceder a la entrevista y una vez obtengamos más información valorar si nos interesa el puesto o no (por ejemplo, si nos sale rentable dejar nuestro actual puesto por este nuevo o si están muy interesados en nosotros que nos ofrezcan media jornada).

– Carnet de conducir, vehículo propio y otros datos necesarios.

Estos apartados los podemos organizar de varios modos, los principales son:

  • Cronológico.  Es el formato más tradicional, enumeramos nuestra formación y experiencia desde lo más antiguo hasta lo más reciente. Nos ayuda a destacar la estabilidad laboral y a evolución profesional que hemos seguido.
  • Cronológico inverso. Al contrario que el anterior, situamos las experiencias más recientes al principio y las más antiguas al final. Este tipo de CV va ganando cada vez más peso, ya que nuestros estudios y experiencias recientes son las que más interesan a nuestros posibles empleadores.
  • Funcional. Consiste en agrupar, sobre todo nuestra experiencia, por temas; por ejemplo, experiencia en hostelería y experiencia en educación. Además, dentro de cada agrupación, podemos seguir tanto el orden cronológico como el inverso. De esta forma es más sencillo omitir errores y pequeños periodos de tiempo en los que hayamos podido estar desempleados.
  • Europass.  Este modelo surgió con el objetivo que los CVs pudieran abrirse paso en países extranjeros; sin embargo, el formato no llegó a establecerse por completo. Divide a los profesionales en dos equipos, aquellos que lo defienden porque establece unos mínimos y permite comparar los currículums; y aquellos que están en contra porque despersonaliza a los candidatos, hace que sea complicado que te recuerden (pues todos los formatos son iguales y lo que ha leído la persona a cargo se mezcla en su cabeza), carecen de historia y firma personal, y en muchas ocasiones parece que se entrega ese formato porque ya te lo han exigido en un puesto anterior (por lo que se presume que no lo has adaptado para ellos, que no les das importancia).

Ahora, lo que va a provocar que los CVs sean diferentes de una vacante para otra son las siguientes características que debemos tener en cuenta:

  • Objetivo: conseguir una entrevista. Fin.
  • Longitud. Lo ideal es una cara de papel. No hagas trampas, estamos hablando de una hoja, con márgenes normales, letra similar a la Calibri nº 12 y un interlineado normal, de 1,15 está bien. El primer vistazo de nuestro CV que determinará si nos descartan o no durará entre 10 y 20 segundos. Esto no quiere decir que en la siguiente fase lo lean más detenidamente y descarten otros muchos; pero, a priori, debemos imaginarnos que la persona a cargo de la selección o bien tiene otras funciones y no va a destinar toda su jornada a revisar currículums o bien sólo tiene esa función por lo que la cantidad de candidatos debe ser muy grande para que hayan destinado a un trabajador sólo para tal cometido. Habrá puestos donde la formación complementaria y la experiencia extralaboral no les importe mucho.
  • Currículum Vitae”. Es lo que te están pidiendo, no hace falta que lo indiques, así que evita ponerle un título.
  • ¿Foto o no foto? Nuestra recomendación es que sí, al fin y al cabo, queremos conseguir una entrevista y no iremos con un saco de patatas en la cabeza, ¿no? Pon una foto formal tamaño carnet en la que no salgas demasiado serio. Una camisa de color azul puede ayudarte.

Recordad que sólo debemos conseguir la entrevista, luego ya conseguiremos el puesto con nuestro encanto… ¡pronto tendréis el post con los consejos para enfrentaros a cualquier entrevista!

Si queréis más información, ayuda o que os ayudemos con vuestro CV ¡contactadnos!

educación parental
Psicología

Educación parental

Es un hecho que nuestro comportamiento tiene un impacto, mayor o menor, en otras personas. Por lo tanto, cabe pensar que los padres serán las figuras que más influencia tendrán en el comportamiento de sus hijos.

Baldwin ya nos presentó un modelo en los años 40, Schaefer casi en los 60 lo rediseñó y Craig en el 97 los describió más detalladamente, siendo su modelo probablemente el más conocido. Siguiéndole, de cierta manera, podemos encontrar cuatro estilos parentales principalmente: democrático, paternalista o sobreprotector, autoritario y negligente. Se distinguen principalmente por el grado en que presentan dos características: control/exigencia y afecto/diálogo.

Antes de seguir, debemos tener en cuenta que ninguno de los estilos es estanco y que nos podríamos encontrar entre dos de ellos. Además, muchas veces, ni siquiera ambos progenitores presentan el mismo. Para que nos hagamos una idea y, ya que una imagen vale más que mil palabras, quedaría representados así:

El estilo democrático se caracteriza por presentar exigencia y sensibilidad en igual medida, de manera progresiva alienta a sus hijos para que vayan logrando su autonomía. Del mismo modo, tiene reglas flexibles y mantiene una comunicación abierta con sus hijos; esto quiere decir que la disciplina es inductiva, se explican los propósitos de las normas y están abiertos a las posibles argumentaciones que surjan al respecto. Las consecuencias por traspasar algún límite son razonables y ejercen un control firme. Esto se traduce, generalmente, en hijos con más confianza, autocontrol, rendimiento escolar y autoestima.

Brevemente podemos comentar también los otros tres estilos.

En el caso autoritario, la comunicación y flexibilidad desaparecen; los castigos suelen ser severos y la disciplina está basada en el poder del adulto. Los hijos suelen ser o bien pasivos y dependientes, o bien rebeldes y agresivos.

Un padre o madre negligente no pone ni límites ni da muestras de afecto. En general prestan poca atención a sus hijos. Si, además, los padres son algo hostiles; los hijos pueden mostrar impulsos destructivos y conductas delictivas.

Si los progenitores son mayoritariamente sobreprotectores, las muestras de afecto serán muy positivas y, aparentemente, la comunicación será fluida. Sin embargo, a la hora de hacerse con el control tendrán problemas. En general, los hijos no son capaces de respetar los límites y, en algunos casos, pueden mostrar conductas de superioridad sobre otros niños.

Sin olvidar que esto son orientaciones, sí que debemos ser conscientes de cuánto podemos llegar a influir en nuestros hijos y en que luego serán ellos los que reproduzcan estos estilos parentales con sus propios hijos.