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Familia, Padres, Sociedad

Taller «Sensibilización en igualdad de género»

Es un placer para RMind tener de nuevo con nosotras a Jimena Martínez, experta en igualdad, para poder disfrutar de este taller de sensibilidad en igualdad de género.

DIRIGIDO A PADRES, MADRES Y PROFESIONALES DEL MUNDO EDUCATIVO.

Tras la charla/debate gratuita del año pasado donde las plazas se agotaron rápidamente y donde se solicitó, por parte de muchas personas interesadas, la posibilidad de abrir un espacio de reflexión y conceptualización más profunda; hemos preparado un taller vivencial.

En él, además de tratar los conceptos básicos y comprender cómo se forman las desigualdades de género, habrá un espacio seguro y sin juicios para poner en común nuestras inquietudes y experiencias personales, enriqueciendo así el conocimiento grupal y el desarrollo de herramientas concretas que nos servirán para enfrentarnos a situaciones diarias, desde la educación de nuestras criaturas, hasta las relaciones laborales, de pareja, autocuidados, etc.

Contenidos

  • Construcción de los estereotipos de género: el papel de la educación, la cultura y los medios. Cómo perpetuamos los estereotipos de género inconscientemente en nuestras acciones diarias.
  • Consecuencias de los estereotipos de género: la pirámide de la violencia de género. De los “piropos” a la violencia machista.
  • Mitos relacionados con las desigualdades: el mito de la libre elección, el mito del amor romántico.
  • ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo (des)aprender y poner conciencia?, ¿cómo actuar y relacionarnos desde la igualdad en nuestro día a día? La coeducación y la concienciación como mejores armas contra las desigualdades.

Datos del curso

  • Cuándo: sábado 30 de noviembre de 11 – 14h y de 16 – 19h
  • Dónde: Centro de Estudios RMind (Calle Londres 22, 28028, Madrid). Metro: Diego de León, Manuel Becerra y Ventas. Autobuses: 1, 12, 43, 48, 56, 74, C1 y C2.
  • Aportación: 35€/persona
  • Inscripciones:
    • Realiza la transferencia de reserva de plaza (10€) en la cuenta bancaria SANTANDER ES39 0049 3694 15 2514016411, indicando en concepto ¨TU NOMBRE + CURSO IGUALDAD”.
    • Envíanos un justificante de la transferencia de reserva de plaza a info@rmind.es poniendo en el asunto “RESERVA PLAZA CURSO IGUALDAD”.
    • Te responderemos confirmando tu plaza en el curso. Respetamos el orden de inscripción (transferencia + justificante). El resto de la cuota (25€) se pagarán el sábado día 30 antes del comienzo del taller. Sólo pago en efectivo (TE AGRADECEMOS MUCHO QUE TRAIGAS EL IMPORTE EXACTO).

No se devolverá la reserva en caso de baja por parte del participante. Si por cualquier circunstancia RMind no pudiera llegar a realizar el taller se devolvería la reserva realizada.

Comida del sábado: En los alrededores del centro hay varios restaurantes para comer el sábado a los que se puede ir a pie. En función de lo que vosotr@s queráis podemos valorar reservar en un sitio y comer tod@s juntos. Aquellos que quieran pueden traer su comida de casa y comerla en los parques cercanos (en caso de que el tiempo no acompañe, se podrá tomar en el centro).

Si necesitáis más información podéis contactarnos en info@rmind.es o en el 699 92 29 90.

También os dejamos la página personal de nuestra ponente, para que os vayáis poniendo al día: Jimena Martínez.

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Padres

¿Igualdad en nuestra familia?

“Yo quiero que mi hijo respete la figura de la mujer, por ejemplo, viene conmigo a las citas en el ginecólogo”. Así una madre nos indicaba su intención de inculcar a su hijo valores como el respeto a la mujer y evitar que desarrolle conductas machistas. Pretende educarlo en la igualdad.

Sin embargo, ella va sola a la compra, ella cocina siempre, ella recoge la mesa siempre, ella se encarga de los hijos siempre, ella trabaja igual que su marido, ella se encarga de la casa, su marido vuelve del trabajo y se sienta en el sofá a ver la televisión con una cerveza. Y, sin embargo, que su hijo la acompañe a esas actividades no cambiaría, a penas, nada. Lo más efectivo sería que ambos se turnaran para hacer todas las actividades y que su hijo los acompañara a ambos a todas alguna vez, mostrándole que son tareas que hacen las personas en general, ya sean mujeres u hombres.

“Cariño voy al médico, es un rollo y es mejor que no vengas”. Una madre ha quedado con sus amigas y no se ve capaz de decirle a su hijo que ella, al igual que su padre, puede quedar con sus amigas para divertirse y salir de fiesta. Su padre sí se lo dice. Ambos, padre y madre, son adultos que necesitan tiempo para sí mismos, puede ser yendo de compras, yendo a un museo, quedando a tomar algo con sus amigos o saliendo de fiesta una noche; ambos son dos adultos con hobbies y relaciones sociales, además de padres. Tampoco deben olvidar que son pareja, es sano que ambos disfruten de tiempo juntos sin sus hijos. Hay que mostrarle que todos tenemos derecho a disfrutar de tiempo para nosotros mismos, del modo que sea.

“¿Quién te llama?”, “Llegas un poco tarde”, “No has comprado lo que te dije”, “Tus amigas salen demasiado de fiesta, ¿no?”, “No haces nada bien”, “No te pongas esa falda, es muy corta”, etc. Frases que en muchos oídos suenan totalmente normales, frases que podrían llegar a salir de nuestros hijos sin darnos cuenta. Pero es muy posible que haya otras que ya hayan integrado: “esto es cojonudo”, como algo bueno; “esto es un coñazo”, como algo aburrido; ella es puta, pero él es un gigoló; ella es una zorra, pero él es un ligón;… y así muchos más ejemplos de palabras comunes que la mayoría tenemos en nuestro vocabulario, expresiones sexistas que podemos cambiar.

Como estos, podríamos recurrir a más situaciones sociales en las que el machismo convive con nosotros. Así, no es de extrañar que, en 2017, según el Centro Reina Sofía, el 27,4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años creía que la violencia de género es una conducta normal en una pareja, mientras que el 21,2% consideraba que es un tema politizado que se exagera.

Es más fácil educar a un niño que en adulto, por lo tanto, es sumamente importante transmitir a nuestros hijos el respeto por la figura de la mujer, igual que por la del hombre. Esto va más allá de repartirse las tareas de manera equitativa, así como los roles que marcan las normas en el hogar; también hay que cuidar el lenguaje que empleamos delante de los niños, aunque no nos dirijamos a ellos; y enseñarles que una persona, por ejemplo, una mujer no es sólo madre cuando ha tenido un hijo… sigue siendo hija, hermana, novia, profesional, amiga, etc.

Si necesitas ayuda o sólo quieres contarnos tu caso, ¡contáctanos sin compromiso!

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La Tecnología, hijo adoptivo

El otro día leía un artículo de la BBC sobre el uso de las nuevas tecnologías por parte de los niños que concluía “Quizás, al final, [los niños] sólo quieren disfrutar de la tecnología de la misma forma que lo hacen los adultos” y no pude evitar pensar “¡Ah!, ¿pero es que los adultos disfrutan de manera sana? ¿es que estamos en el mismo punto de desarrollo?”. Hablando de este tema con diferentes personas, empezaron a surgir preguntas: ¿Cómo lo hacían los padres hace, a penas, diez años? ¿Está afectando al desarrollo del cerebro de los niños? ¿Qué se están perdiendo? Realmente, ¿qué les estamos enseñando?

El tema del uso de la tecnología y los niños puede mantenernos horas y horas debatiendo. Podríamos empezar hablando de la tecnología en el cole, luego seguir con el uso de esos mismos aparatos durante el resto del día, comentar los diferentes estudios que hay actualmente y que ninguno puede asegurar qué efectos habrá en el futuro por el simple hecho de que esos niños aún no han crecido, llegaríamos a que uno de los problemas es el currículo escolar actual y otro la jornada laboral tan extensa que tienen los padres.

Sin embargo, vamos a intentar centrarnos en lo que sabemos seguro y qué hemos ido viendo las personas que nos dedicamos al mundo de la educación.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el cerebro de un niño no está preparado para los conceptos abstractos; sino que aprenden tocando y manipulando, empezando por elementos simples e individuales para luego ir generalizando. Si a esto añadimos, que en función del tiempo que pasan los más pequeños con estas nuevas tecnologías hoy en día, se calcula que aquellos que nazcan hoy habrán empleado un año de su vida al llegar a 7 añitos en mirar una pantalla; quizás sea prudente hacernos ciertas preguntas y analizar el tema con cuidado, antes de decidir si es positivo o negativo.

Sabiendo esto, hay cosas que con una simple observación ya se pueden ir viendo. Aquellos niños que, por la razón que sea, pasan tiempo delante de las pantallas tienden a buscar más la atención de los adultos que la de sus iguales, la mayoría de sus conversaciones giran alrededor del contenido que han visualizado, casi todos sus juegos simbólicos se basan en reproducciones de lo que han observado en una pantalla, su atención se mantiene menos en el tiempo, etc. ¿Por qué?

  • Las tablets y smartphones tienen tantos estímulos, que su cerebro se acostumbra y cuando se enfrentan a tareas con menos estímulos (y que además requieren más trabajo por su parte que el simple hecho de observar) pierden la atención.
  • El abundante material del que disponen en estos aparatos provoca que no finalicen lo que están haciendo, nadie obliga a un niño a terminar de ver una película o una partida de un juego, por lo tanto, mucho menos querrá acabar otro tipo de tareas.
  • Sus oportunidades de crear desaparecen. Las historias, los cuentos, las posibilidades,… vienen dadas por la tecnología, los momentos que pasa el niño consigo mismo disminuyen.
  • Esto nos lleva a que sean poco tolerantes a sentimientos como el aburrimiento. Son mucho más impulsivos y tienden a querer las cosas “aquí y ahora”.
  • De cierta manera, influye en su comunicación. El tiempo que pasan con los adultos que les rodean, con sus iguales y con ellos mismos disminuye; por lo que sus habilidades sociales, aunque sea mínimamente, se ven afectadas.
  • Los contenidos que se les presentan están llenos de estereotipos y suelen tener el formato acción-recompensa, es justo a eso a lo que se acostumbran.
  • Estamos provocando que experiencias sensoriales y de aprendizaje se conviertan en algo simplemente mecánico. La primera vez que le ponemos un video a un niño para que coma el puré, podríamos meterle un saltamontes en la boca; está tan embobado que no se daría cuenta. Sin embargo, se acostumbra a no saborear la comida, a no querer comer sin la pantalla, a que sólo tiene que molestar un poco en el super o en un restaurante para que le den la tablet y así esté a lo “suyo”.

En cuanto a la tecnología en el colegio sólo podemos comentar aquello con lo que nos hemos encontrado. Aquellos niños cuyos libros de texto impresos han desaparecido y se encuentran dentro de tablets, tienden a tener una peor caligrafía (tanto niños como niñas, ambos empeoran considerablemente), hasta el punto de no entender ellos mismos qué han escrito. Cometen muchas más faltas de ortografía y tardan más en subsanarlas.

Hasta aquí, se podría intuir de cierta manera. Pero es que también empeora su organización, tanto a la hora de planificarse como a la hora de estructurarse mentalmente. La posibilidad de subrayar y de hacer anotaciones que les lleven a hacer esquemas y resúmenes se ve alterada. Cuando les pides que hagan este proceso, en muchos más casos te encuentras párrafos y páginas enteras subrayadas.

Obviamente se puede usar como instrumento, pero cuidado con todas aquellas experiencias que sustituye. Desde RMind os animamos a que no dejéis que la tecnología sea una herramienta para facilitar vuestras “funciones”, el mensaje que les transmitimos no es nada beneficioso. Por otro lado, os recomendamos que establezcáis límites claros en cuanto a su uso. Sea el aparato que sea, una buena opción es, por ejemplo, acordar con ellos que habrá X tiempo de uso de esta tecnología a la semana (en función de su edad) y que ellos se la administren como quieran; siempre evitando que se use como recompensa.

Y aun con todo, paremos un momento y preguntémonos qué pasaría si nuestro hijo no usase ninguno de estos aparatos (televisión, tablet o smartphone) hasta que tenga, no sé, ¿7 años? ¿10? ¿De verdad creen que no sería capaz de aprender cómo funcionan y de disfrutar de ellos a partir de esa edad? Quizás no se trate de crear un mundo donde no conozcan dicha tecnología, pero quizás debamos pensar con mucho cuidado qué se están perdiendo mientras miran una pantalla.