Historia

Don´t forget

Vamos a aprovechar nuestra visita al Centro de Exposiciones Arte Canal para hacer algunas reflexiones. El tour sobre Auschwitz que se puede hacer entre sus paredes, recorriendo fotos y recuerdos es realmente enriquecedor.

Para los que hemos estado en los Memoriales de Auschwitz, en el propio campo de exterminio, o de Caen, sobre el desembarco de los aliados en Normandía y toda la Segunda Guerra Mundial; este nos permite desde una visión, quizás algo más alejada, contemplar todo lo que ocurrió en esa época de la historia.

Sin embargo, no os vamos a destapar todo lo que podéis descubrir por vosotros mismos y que deberíais descubrir (tenéis hasta el 7 de octubre). Queremos compartir con nuestros lectores algunos puntos a los que llegamos con el café de después.

Personal. A diferencia de los otros Memoriales, al no sentirte inundado por la parte emocional de estar en el sitio físico donde ocurrió todo, puedes de verdad centrarte en qué ocurrió. Según íbamos avanzando había momentos en los que las cifras se amontonaban en medio de los textos y, sin embargo, nadie era capaz de imaginar tal cantidad de humanos confinados o ejecutados. Cuando nos nombran una cantidad que nunca hemos visto y contado por nosotros mismos, cuesta ser capaces de entender realmente esa cantidad. Es por ello que no somos capaces de imaginar millones de personas que perdieron la vida; sí, entendemos las cifras, pero nunca llegaremos a imaginarlo realmente. No obstante, cuando oyes a los supervivientes contar sus historias, ves sus vídeos de cómo era su vida antes y todo lo que no encontraron cuando lograron salir de ese infierno… entonces te llegas a preguntar si realmente llegaron a salir.

Manipulaciones por todas partes. Estábamos caminando por uno de los pasillos, rodeados de visitas escolares cuando uno de los chavales se mostró sorprendido ante el hecho de que Hitler fuera democráticamente elegido y los demás le dieron la razón. Minutos después les encontramos haciendo comentarios muy subjetivos y copiados de algunos medios de comunicación sobre la persona extranjera de la limpieza. En todas las guerras, alguien enciende la chispa y el fuego se extiende solo para que todo el mundo mire en esa dirección. En esta ocasión era tal la manipulación y control, que cuando los prisioneros llegaban a la antecámara de gas y se desnudaban, no sabían que eran prisioneros y pensaban que iban a la ducha. Tanto, que dentro de las cámaras de gas había alcachofas de ducha para que no cundiera el pánico. Tanto, que les obligaban a escribir postales a sus familiares diciéndoles que todo estaba bien.

La historia se repite. Seguimos deshumanizando a todos los que nos convienen, sin apenas darnos cuenta. Porque nos interesan sus tierras, lo que hay en ellas, su dinero, sus influencias, o porque no nos interesan. La gente tinta de monstruos a aquellos que formaban parte del ejército nazi, pero la cruda realidad es que eran vecinos, hermanos, primos… y eso asusta más, el pensar que cualquier persona podría llegar a hacer algo similar, el hecho de pensar que podría volver a ocurrir. Números en vez de nombres, trajes todos iguales, raparles el pelo y dejarlos sin personalidad, culparlos de cualquier malestar social de ese momento, convertirlos en otro ser, en otra raza que justifique nuestras acciones.

Las guerras van y vienen, sin embargo el estado de guerra sigue siendo permanente. Es hora de que no unos pocos, sino todos, nos preguntemos a quién beneficia y cómo logran que nos pongamos de su lado. Quizás debamos ser críticos y autocríticos con nuestras acciones a lo largo de la historia para no volver a lamentarnos de que se cometan injusticias irreparables a las que hayamos aportado nuestro granito de arena.

 

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