Sociedad

«Tengo un sueño»

Hace 90 años, el 15 de enero de 1929 en Atlanta, el pastor estadounidense Michael King Sr. tenía a su segundo hijo que recibiría su mismo nombre, Michael King Jr. Sin embargo, durante un viaje a Alemania en 1934, su padre decidiría cambiar sus nombres a Martin Luther King Sr. y Jr., respectivamente; en honor al reformador Martín Lutero. Este sería el nombre por el que su hijo sería conocido en el mundo entero con el paso de los años.

Martin estuvo en contacto con el racismo desde su más tierna infancia. Cuando tenía sólo 6 añitos, dos de sus amigos blancos le dijeron que sus padres no les autorizaban a jugar con él. Más adelante, con 13 años se vería obligado a ceder su asiento en el autobús a un hombre blanco, no por educación o porque lo necesitase más que él sino, porque la ley dictaba que las personas negras debían ceder sus asientos a las personas blancas.

Aunque Martin no llegó a graduarse, con 15 años entró en Morehouse College (Atlanta), universidad reservada a jóvenes negros. Cuatro años más tarde saldría graduado en sociología, en otros tres se graduó en teología en Pensilvania y en 1955 se doctoró en Filosofía. Y aún tuvo tiempo para casarse en el 53 y tener cuatro hijos.

Al igual que su padre y su abuelo, fue pastor de la Iglesia bautista; sin embargo, la razón por la que a todos nos suena su nombre es debido a su lucha por los derechos civiles de los ciudadanos afroestadounidenses, sus protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Debido a sus intentos de terminar con la segregación y la discriminación racial por medios no violentos, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964.

Cuatro años más tarde, cuando estaba centrado en su oposición a la guerra y su lucha contra la pobreza, fue asesinado por un disparo en la cabeza procedente de un francotirador segregacionista blanco en Memphis, James Earl Ray, quien huiría a Portugal donde sería detenido. Tras más de 9 millones de kilómetros, haber hablado en público 2.500 veces, haber sido arrestado unas 20 veces y agredido físicamente más de 4, tras haber sido perseguido y vigilado durante años por el FBI; la autopsia mostró un corazón de 60 años, en vez de 39 que tenía.

A lo largo de su vida, llevó a cabo muchas acciones, pero hay dos que destacan por encima de las demás. La primera, el boicot de autobuses en Montgomery (1955), que comenzó el 1 de diciembre de ese mismo año cuando Rosa Parks fue arrestada por negarse a ceder el asiento a un hombre blanco, tal y como debía hacer una mujer negra según las leyes de esa ciudad. ¿En qué consistió principalmente este boicot? En organizar sistemas de viajes compartidos, evitando usar el servicio de autobuses durante 382 días. ¿Qué ocurrió? Martin fue arrestado durante esta campaña y su casa fue atacada con bombas incendiarias el 30 de enero del 56 (junto con otros objetivos) por segregacionistas blancos que recurrieron a métodos terroristas. A pesar de ello, el boicot continuó, llegando algunas personas a caminar 30km para llegar a sus trabajos; hasta que el 13 de noviembre de 1956 la Corte Suprema de los EEUU declaraba ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.

La segunda sería su liderazgo de la marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad (1963). Inicialmente perseguían poner de manifiesto el fracaso del gobierno federal al asegurar los derechos y la seguridad de los afroamericanos. Sin embargo, que el presidente de ese momento, John F. Kennedy, intercediera para que Martin saliese de prisión y bajo su presión para que no repercutiera en el voto sobre la ley de derechos civiles, decidieron presentar un mensaje menos radical. La marcha fue un éxito y el 28 de agosto de 1963 Martin Luther King da su famoso discurso “I have a dream” ante 250.000 personas de todas las etnias, que se extendería como la pólvora por todo el país. Con la esperanza y el deseo de ver una América fraternal gritó desde las escalinatas del Monumento a Lincoln “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando”.

Martin Luther King es un claro ejemplo de que el cambio se puede lograr con esfuerzo y de manera pacífica, pero hace falta estar unidos hasta el final de los tiempos. Durante el discurso critica lo que América les había prometido y todavía no les había concedido: derechos, pero también anima a todos lo que le siguen que en el afán por conseguir sus metas no caigan en ciertas acciones equivocadas como el odio y la amargura llegando a degenerar en violencia física.

Tal y como dijo King «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol».

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