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¿Los suspensos se acumulan? Marzo de 2020, el gobierno decreta confinamiento y, de repente, todo cambia. Un sistema educativo controlador y rígido que nunca ha apostado por la responsabilidad del estudiante y su autonomía, vuelca todo el peso del avance académico en los alumnos y, por consiguiente, en los adultos que hay en casa. Ahora, esos suspensos inesperados llegan y nadie entiende nada.

La COVID y la vida académica en casa

Por un lado: teletrabajar, hacer horas exrtas, la incertidumbre de que nos despidan, los ERTES, seguir siendo padres, el miedo al contagio y sus consecuencias, la falta de tiempo y espacio para nosotros mismos y, encima, a hacer de tutores y profesores de nuestros hijos e hijas.

No importa en qué curso les pillara el confinamiento, todos los estudiantes se han visto afectados por la pandemia. Los más peques han visto afectado su proceso lectoescritor, bien porque no lo finalizaron, o bien porque no pudieron afianzarlo. Los más mayores, se saltaron contenidos que se dio por hecho que luego adquirirían. Por no decir, cómo ha influido el hecho de no poder ver a sus compañeros, el perder tiempo de socialización y juego libre, o el haber tenido que aprender a hablar con la mascarilla puesta.

Seamos sinceros, nadie estaba preparado y, mucho menos, una institución educativa que apenas ha evolucionado los últimos 50 años. También es cierto, que es relativamente sencillo ver qué se podía haber hecho mejor a “toro pasado”.

Durante esos meses de confinamiento, desde RMind, hemos visto de todo: estudiantes que se han hecho pasar por sus padres, otros que dormían durante las clases, otros que se justificaban en su TDAH para ponerse a ver YouTube, relaciones “padres-hijos” que han llegado a romperse y, el origen de la situación actual, una bajada de exigencia académica excesiva.

Repercusiones de la pandemia en las aulas

Tras tres cursos donde las medidas han sido básicamente “levantar la mano” y bajar la exigencia sobre el contenido visto y las competencias curriculares adquiridas, todo bajo el lema de la flexibilidad y la comprensión; nos encontramos en un curso escolar donde se acabó el “mirar para otro lado”.

Antes, “prepandemia”, lo normal era que en Educación Secundaria (ESO) y Bachillerato con tres suspensos se repitiera curso y que si, esos suspensos, eran troncales como lengua o matemáticas, bastaba con dos suspensos para proponer esta medida curricular significativa. Sin embargo, a día de hoy, nos encontramos a estudiantes con una falta de base inimaginable con el objetivo de hacer frente a cursos inviables.

Pongamos un ejemplo. Muchos recordaremos el análisis sintáctico, esos ejercicios en los que teníamos que encontrar el predicado y el sujeto de una oración, junto con todos sus complementos. La base de estos ejercicios son las categorías gramaticales, es decir, las diferentes palabras como sustantivos, adjetivos, verbos, determinantes y demás tipos. Este contenido se ve desde 4º de Educación Primaria, pero nos encontramos con alumnos en 2º, 3º, 4º de ESO e, incluso, bachillerato que no diferencian un sustantivo de un verbo o un determinante de un pronombre. ¿Cómo van a superar en 9 meses de curso la falta de base acumulada durante más de tres cursos escolares, que son unos 27 meses, y el contenido nuevo del año en curso? Pasa lo mismo en asignaturas como matemáticas, donde no han afianzado el cálculo, donde no han entrenado el razonamiento y donde les faltan horas y horas de práctica; afectando a materias como economía o física y química.

Soluciones a una situación llena de suspensos

En primer lugar, no debemos olvidar que muchos estudiantes, aunque no todos, están en esta situación sin haber tenido ningún control sobre ella. No tienen la culpa de que no se les haya evaluado con mayor rigidez o que les hayan permitido pasar de curso sin la base académica necesaria para ello, independientemente de que estén felices por esta falta de medidas. Esto no quiere decir que no deban tomar “el toro por los cuernos” ellos mismos, no es motivo para echar todas las culpas fuera.

En segundo lugar, recordemos que la responsabilidad se entrena y se adquiere, pero en una sociedad donde la sobreprotección y la sobreexigencia se han extendido por todas partes… este entrenamiento en responsabilidad ha empezado a flaquear.

Por ello, os invitemos a que, si bien hay que negociar y hablar las cosas con nuestros hijos e hijas, hay decisiones que no tienen la madurez ni la responsabilidad para tomarlas ellos. Procuremos emplear consecuencias y no castigos, aprendamos a poner límites y normas desde el respeto, practiquemos una comunicación respetuosa y honesta, y pidamos ayuda como padres si la necesitamos; al fin y al cabo, les pedimos a ellos que nos pidan ayuda o que acepten la ayuda externa sin ser un ejemplo de ello.

Por otro lado, es posible que haya que hacer sacrificios durante un tiempo. Que consigan esa base que les falta no se consigue con un poquito de apoyo escolar durante unos meses, cualquier centro que os diga otra cosa miente y lo que quiere es conseguir un alumno nuevo. Durante el curso, intentamos que saquen las materias porque, estemos o no de acuerdo, lo que parece importar son las notas. Solo hay dos periodos reales en los que se puede trabajar el contenido y competencias no afianzadas, como la expresión escrita y la comprensión lectora que tanto penaliza transversalmente en tantas asignaturas: Navidades, que es un pequeño parche temporal, y verano, donde realmente se puede producir un verdadero cambio. No os asustéis, el verano es lo suficientemente largo como para alcanzar este objetivo y que tengan vacaciones, pero es cuestión de organizarse.

La situación actual no es sencilla, la responsabilidad está muy repartida y el control que tienen los estudiantes sobre ella es limitado, pero con el asesoramiento y la ayuda adecuada se puede conseguir cualquier objetivo.

Aprovechamos para recordaros que nuestro asesoramiento inicial, tanto académico como psicopedagógico, es totalmente gratuito y sin compromiso.

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